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Capítulo III La última estancia de Bolívar en Caracas
1827 enero 08 - julio 05
La última estancia de Bolívar en Caracas
1827 enero 08 - julio 05
La Guaira - Caracas

Oí oraciones y regresé a La Guaira. Montamos los caballos a las 11 bajo un fuerte aguacero y llegamos a Caracas hacia las 4 y media, completamente empapados. Aunque la lluvia era muy fuerte y no parecía amainar por el lado de La Guaira de las montañas, al pasar por el punto más alto de estas no caía ni una gota: salimos, por así decirlo, de un velo de partículas acuosas a una atmósfera límpida llena de sol. Al llegar me dijeron que esta mañana se había publicado un bando diciendo que los comerciantes tenían una deuda con la aduana de 110 mil dólares en aranceles y que, si no se pagaba en un corto tiempo determinado, haría cumplir las leyes y encarcelaría a los deudores, y tomaría las medidas necesarias sobre sus propiedades para asegurar la liquidación de la deuda. Y que si no se pagaba la mayor proporción en el tiempo especificado, exigiría un préstamo de 50.000 dólares en 24 horas y se encargaría de que se hiciera efectivo. Lo cierto es que si no toman algunas medidas severas, los indolentes, y yo diría que cautelosos, los criollos no van a dar ni un real, ni los que están en deuda a pagar un solo dólar de la suma adeudada. De hecho, las finanzas de este departamento están en un estado tal, que habrá que cobrar impuestos mayores de los ordinarios a fin de cubrir las demandas. Bolívar ha reducido los gastos hasta donde ha podido, pero aun así no se pagan los gastos comunes de las necesidades civiles y militares, ni se puede cobrar un real para hacerlo. Anoche un [¿comerciante?] que, estoy seguro, voceó los sentimientos de todos los criollos y de muchos extranjeros, condenó rotundamente la conducta de Bolívar, con un aire de seguridad que merece que a esta gente se la exprima bien exprimida. Confío que sientan un poco de lo que otros sienten en Europa en casos de circunstancias extraordinarias y gastos políticos. No tienen ningún patriotismo, y lo único que saben dar son hermosas frases ostentosas. El coronel Wilson cenó conmigo y me traje un guardiamarina, el señor Wade, a pasar uno o dos días aquí. Llovió mucho durante la noche.

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