Fui a ver al doctor Vargas, mediante cuyo sentido común y vigorosos razonamientos la convención de octubre fue aprobada, como lo fue, por ambas cámaras, colocando ante la mayoría de los miembros de la de Representantes las consecuencias que se derivarían si Inglaterra reaccionara con disgusto ante su absurda demencia al permitir (como una especie de favor) que el tratado meramente existiera una vez renovado, durante siete años. Las noticias del Sur dicen que el general Flores ha batido las tropas de los constitucionalistas y vuelto a entrar en Quito; que antes de este acontecimiento la convención había puesto rápido fin a sus sesiones después de reconocer el tratado de amistad etc., etc., entre el Ecuador y la Nueva Granada, y ante la derrota de las tropas, había despachado una comisión a Bogotá, colocando cuatro de las provincias bajo la protección de ese gobierno, con el deseo de volver a unirlas totalmente con la Nueva Granada. Este asunto, así como el resultado de este ofrecimiento, es delicado y peligroso. El señor Boulton y el señor Rugan cenaron conmigo.