Sostuve una reunión de comité para llevar a efecto un plan que propuse para el establecimiento de un lugar de enterramiento para aquellos súbditos de su majestad que puedan morir en esta ciudad. Después fui con el señor Alderson y el señor Mocatta a ver el terreno que hemos elegido para este fin. Vamos a construir un muro de cierre y un pequeño edificio anexo, donde se llevaría a cabo la mayor parte de la ceremonia, y que bastaría para proteger a los asistentes de la lluvia y el sol. Al inspeccionar la parcela se ve a las claras que la realización del plan sobrepasará ampliamente la suscripción actual, que es de 1.600 dólares, incluyendo los 800 que ha aportado el gobierno británico. Por la noche fui al teatro, donde se representaba la tragedia de Orestes (bastante mal), y solo de vez en cuando lograba ver a los actores a través del humo de los cigarros.