El buen entendimiento al que se ha llegado es este: el general Monagas y sus oficiales han aceptado obedecer la Constitución y las leyes, entregar las armas y licenciar los soldados. Todo el ganado, caballos y mulas que han sido destruidos o tomados deben devolverse en especies o en valor (nada de lo cual se hará jamás); la vida y propiedades de los implicados se respetarán, etc., etc. Tales son las condiciones; y mejor esto que hacer la guerra sin dinero, por parte del gobierno. El Congreso ha aprobado este punto final a las discordias civiles de la nación, y luego se ha disuelto apropiadamente, el sábado pasado, día 2. Otro de nuestros héroes del 11 de mayo fue pasado por las armas esta mañana, y otro negro en La Guaira, pero este por razones muy diferentes, pues había secuestrado a su amante y luego la había degollado, y había tomado las de Villadiego a esta ciudad. Pero allí no habían terminado sus hazañas, pues por el camino también asesinó a un hombre blanco que bajaba al puerto. Qué agradables tiempos... ¡¡y pruebas palpables del intelecto y virtudes de los negros!! El señor Mocatta cenó conmigo.