He recibido carta del cónsul encargado de Port-au-Prince, en la que dice que Boyer no prestará la más mínima ayuda al general Mariño y sus seguidores; al contrario, ha prohibido cualquier intento de ayudarle y, de hecho, tiene vigilado a todo el grupo, de modo que era falsa toda la información que el gobierno había recibido como un hecho de Haití, de que ese gobierno estaba ayudando a Mariño bajo cuerda. Es verdad que prometió a Boyer que si respaldaba sus ideas, inmediatamente declararía libres a todos los negros en Venezuela. Los Stopford volvieron a subir para establecerse otra vez en Caracas. El grupo desayunó y cenó conmigo, y la señorita O’Callaghan asistió a la segunda comida. En la plaza había un teatro temporal, y se representó una obra patriótica en esta ocasión (víspera de la Independencia nacional de Colombia) titulada La corona de laurel. No asistí, pero todo salió bien, y sin mojarse. Había miles de personas, cada una, como es costumbre, llevando su asiento. Mañana es el gran día de fiesta de la Declaración. Aguaceros fuertes de vez en cuando, y también de noche. Hoy es el aniversario de la independencia del Tío Sam, pero el fastidioso encargado y su aún más fastidiosa esposa, ¡¡no le dieron nada a sus compatriotas!!