Ocupado todo el día en mi dibujo de Bolívar a fin de tenerlo listo para cuando se marche el señor Ward. Como de costumbre, mil informes extraños, uno de los cuales dice que el vicepresidente y el Congreso han huido a Pasto por temor a la llegada de Bolívar; otro que han apostado tropas para impedir que entre a Bogotá. Hoy no ha llovido. Visité al intendente al atardecer, y me dice que no ha recibido cartas de Bogotá y que tampoco ha llegado el correo. Se hacen todos los arreglos militares para frenar la insolencia del bandido Cisneros, que ahora amenaza e insulta. Han avanzado tropas procedentes de Valencia a La Victoria y hacia San Pedro, y de allí otras van más allá de Petare. No hay duda de que la larga existencia de los robos de este bandido demuestra la indolencia de las autoridades militares y civiles o la debilidad del Gobierno. Una cosa es cierta, y es que tiene en la ciudad centenares de amigos (de la facción española o de la de [Level de] Goda) que le mantienen informado de todo lo que sucede, le suministran armas y municiones e incluso le envían todos los periódicos diarios. El señor O’Callaghan dio una fiesta de despedida para el doctor Coxe en su casa, pero como su amistoso suegro iba a estar presente me excusé de ir. Termómetro, 22° a las 7 y 24, a las 4.