Hoy llegó el correo de la capital. Todas las noticias que trae son que el Libertador salió de sus alrededores para Quito el 28 último, y que las circunstancias serán las que regulen sus movimientos. El coronel Campbell teme que las hostilidades ya hayan comenzado entre el Perú y este país, de modo que S. E. llegará demasiado tarde para evitarlas, cosa que no creo que lamente en el fondo de su corazón, aunque empieza por decir que hará todo lo que esté en su poder para restablecer una buena comprensión entre los [dos] Estados. Es totalmente absurdo intentar sacarle algo a la gente de aquí (Colombia) o llegar a alguna deducción de sus actos, ya sea en lo real o lo abstracto. El coronel Campbell dice en su última carta del 30 de diciembre que:
Apenas puedo decir cuál es la opinión de la gente de aquí, porque, en realidad, no hay ninguna opinión pública y cada quien se guía única y exclusivamente por sí mismo. Sin embargo, son muchos los que se inclinan por la idea monárquica, y si el Libertador estuviera muerto, creo que intentarían conseguir un Príncipe (no español) de Europa. Pero lo cierto es que no se puede confiar en lo que dicen, pues sus sentimientos no tienen ninguna inclinación patriótica ni nada que no sea el más vil y peor de los egotismos, y así es en Bogotá y Nueva Granada.
En Venezuela hay gran patriotismo, pero es solo para ella, y si Bolívar muriera, o muriera políticamente por dar un paso en falso donde está ahora, aquí habrá separación e independencia individual como Estado —de esto no me cabe duda— pues en estas provincias se odia y desprecia mortalmente a los bogotanos y neogranadinos. Escribí al general Páez en vista de un despacho enviado por el coronel Hamilton desde Angostura sobre el embarque de los diez mil animales, que no termina de arrancar. Que el Diablo se lleve a la Dandy. Esta noche casi me herví en una especie de bañera de hojalata que pertenece a la esposa del israelita.