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Capítulo VII El General Páez Presidente
1831 enero 01 - 1832 octubre 26
El General Páez Presidente
1831 enero 01 - 1832 octubre 26
Subcapítulos

Con el ardor y la impaciente inexperiencia militar de las patrullas ciudadanas, dos personas que no respondieron al alto con suficiente rapidez, han sido muertas a tiros, y circulaban cantidad de informes exagerados de enemigos que venían de las montañas y los barrancos cuyas ramificaciones se abren por todas partes sobre la ciudad. Conforme se acababa el día ganaban terreno estos informes y en la perturbada imaginación de todos, los bandidos estaban entrando o ya habían entrado a la ciudad. Esta impresión, junto con la desenfrenada descarga de armas de fuego por todas partes, aterrorizó hasta tal punto a tantas mujeres, y también a no pocos del sexo más noble, que multitud de personas se dirigieron a pie hacia La Guaira, a cuyas puertas llegaron algunos grupos exhaustos y en el peor de los estados antes del amanecer, llenando de la mayor alarma a esta ciudad fortaleza. Los fugitivos afirmaban que al anochecer habían entrado a Caracas quinientos hombres y sin piedad ni distinción estaban asesinando a todo el que encontraban, y las calles eran un río de sangre. El gobernador, al enterarse de estos particulares, que eran corroborados por cada aterrorizado caraqueño que llegaba, convocó una reunión inmediata de los habitantes. Todos se llenaron de espanto y hubo alarma general. Sin embargo, el general Carabaño, como tenía unos 50 o 60 artilleros, tomó medidas con esta ayuda para evitar cualquier sorpresa hasta que se organizase una defensa y guardia cívica. Al disiparse el primer terror producido por los informes en Caracas, la gente se tranquilizó y la guardia cívica continuó su trabajo. Durante sus investigaciones fueron apresados dos miembros de la banda de asesinos, quienes afirman (si es que puede creérseles) que no eran más de 20 los que atacaron la prisión y asesinaron a los 10 policías. Esto es todo lo que ha trascendido hasta ahora después de su captura. Más detalles saldrán a la luz cuando confiesen y podrá descubrirse hasta dónde llegó el temor de la buena gente de Santiago de León de Caracas. He tenido un fortísimo dolor de cabeza todo el día pero, malgré tout, me vi en la obligación de seguir escribiendo hasta muy tarde.

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