Atareado, muy atareado escribiendo todo el día. El señor Lievesly se fue ayer a Filadelfia a bordo del Emily Davis. Y la señora de Mocatta partirá esta mañana en el Soto acompañada por tres de sus pequeños descendientes y un par de negras, para cuidarlos. Se la espera de vuelta, como a mi secretario, hacia el mes de octubre próximo. Estando las cosas como están, es mejor que se hayan ido. Todo sigue siendo un misterio en cuanto a si nuestros visitantes son el ladrón y su chusma, o un bravo de Caracas (al estilo veneciano) y su séquito: pero se me ocurre que casi todo el mundo empieza a creer que las serpientes están adentro: no hay mal que por bien no venga. En vista de que la paz de la ciudad ha sido tan lamentablemente violada, se ha despertado la energía de sus habitantes masculinos, y la caballería civil, armada hasta los dientes con lanza, trabuco, carabina y espada larga, está por todas partes durante las horas nocturnas, además de otros grupos a pie. A la reunión de San Francisco acudieron centenares de personas, así que se han entregado armas del arsenal a vasto número de ciudadanos, y estamos preparándonos para lo peor. Esta tarde el señor Mocatta subió de La Guaira.