Nada nuevo. Bastante lluvia. Los coroneles Stopford, Smith y Woodberry, junto con el doctor Murphy, médico del general Páez, cenaron conmigo. Termómetro, 23° a las 7 y 24, a las 4. Recibí carta del señor Lewis, de Filadelfia, quien me dice que despachó el último colono que llegó a esa ciudad en el Mary Ann el 29 de agosto, y el 31 por la tarde todos habían llegado bien a Nueva York, adonde habían viajado por contrato con uno de los vapores. También dice que el pedagogo Lancaster había aparecido en Filadelfia, y que poco después de haber llegado allí declaró sus intenciones de publicar un manifiesto, en el cual pensaba dar su opinión de aquellas personas de Caracas a quienes debía agradecimiento. No obstante, no creo que sea lo bastante débil como para publicarlo.