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Capítulo IV Páez, el hombre fuerte
1827 julio 06 - 1829 diciembre 31
Páez, el hombre fuerte
1827 julio 06 - 1829 diciembre 31
Subcapítulos
Caracas

Fui a ver al intendente para enterarme más oficialmente de los temores, rumores y verdades que corren actualmente por Caracas. Me informó que en cuanto a Cumaná, ciertas cosas no están en un estado muy tranquilo. Que varios oficiales habían sido sorprendidos por los que han huido al monte, y masacrados, pero que el origen del descontento no tenía relación ni con Cisneros ni con los españoles. Surgía de dos causas actualmente, primero la repugnancia de la persona a la que se había forzado al resultado desesperado de tener que encabezar al grupo, por culpa de la mala administración y exacciones del general Mariño, quien acababa de ser retirado y será substituido por el general Monagas. Segundo, que la opinión general estaba del lado de la Constitución y del actual sistema de gobierno, quejándose de los poderes extraordinarios de Bolívar. Con respecto a nuestros enemigos más cercanos, las cosas no eran brillantes, pero que el general Páez había adoptado tales medidas (e iba a salir de Caracas dentro de un par de días, para ponerlas a regir), que tenía pocas dudas de que no se restableciera el orden, o más bien la confianza, al ser destruidos estos bandidos. Dice que se había fraguado un complot conjuntamente con las autoridades de Puerto Rico y La Habana, pero que afortunadamente se había descubierto, y no dudaba que dentro de algunos días nos enteraríamos de que muchos otros de sus instigadores estaban en manos de la justicia. Con respecto al [decreto] de bandolerismo contra Bolívar, del cual se dice que el propio Bolívar informó al marqués del Toro, la fecha es antigua y la carta fue escrita desde Cartagena un día antes de que saliera de ella su excelencia, y en ella dice simplemente, entre amigos, que puesto que había ordenado a las tropas que marchasen por delante de él —en vista de que el vicepresidente se había quitado la careta con su decreto del ocho de junio que anulaba todas las leyes del Libertador y volvía a su puesto a todos los empleados como estaban antes del 28 de abril de 1826—, no le sorprendería que [Santander] hiciera campaña en el Senado a favor de un acto que le pusiera fuera de la ley, como consecuencia de los pasos que había dado desde que tomó la determinación de regresar a la sede del Gobierno. De modo que una cosa dicha más bien en broma ha terminado por convertirse en el rumor de ayer que dice que la ley ha sido aprobada. Rumores, siempre rumores. El batallón de milicia que se está formando, este de marinos, desfiló por la plaza y recibió su estandarte de manos del general Páez, después de haber sido consagrado en debida forma en una ceremonia celebrada en la catedral. Uno de los elocuentes curas hizo un largo sermón, diciendo que cualquiera que fuera la guerra que peleara su país también sería la de la religión, pues el uno era inseparable de la otra, de modo que la defensa de sus altares no era menos sagrada que la de sus hogares; y que el estandarte ya santificado así lo demostraba. Y les dijo entonces que tenían, pues, un deber doble que cumplir, que solo podría terminar con el sacrificio de la vida por su causa. Fue largo, y como todas las oraciones de esta gente dejó poco que recordar. Plegarias en casa del coronel Stopford. No ha llovido. Termómetro, 22° a las 7 y 24 a las 12 y a las 4.

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